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Los duros juníperos

LOS DUROS JUNÍPEROS, ENEBROS Y SABINAS

¡Recientemente ha sido publicada esta noticia en algunos medios: han localizado el árbol vivo considerado más viejo de Europa!

Este ser vivo se llama Patriarca. Se encuentra en la isla de Tenerife, y es un vetusto Junniperus cedrus, localmente llamado cedro canario, de 1.481 años de edad.

Así lo asegura un estudio realizado de forma conjunta por investigadores del Instituto Universitario de Gestión Forestal Sostenible de la Universidad de Valladolid y de la Universidad Rey Juan Carlos, que ha publicado la revista ‘Ecology‘, de la Ecological Society of America. La edad de este árbol se ha datado gracias a una técnica de radiocarbono.

Esto significa que la semilla que dio lugar a este vegetal germinó en el año 541 dC.

Año conocido como el de la epidemia del emperador Justiniano, en el que; según la Sociedad geográfica Española; “el planeta tierra tuvo una pequeño período glacial con una temperatura entre 1,7 y 2,5 grados más fría”. Mientras desde Egipto se desataba una plaga peste que diezmaba la capital bizantina de Constantinopla…. Mientras los ostrogodos saquean Roma y los francos la provincia de Tarraco (es decir el litoral catalán)…

Mientras ocurría todo esto…. En aquella isla frente al continente africano; un diminuto tallo armado con dos espinas a modo de hoja veía la luz del sol por primera vez desde que un par de años antes un ave que sobrevolaba un árido cono volcánico; quizás un cuervo, un pinzón o incluso un canario; dejó caer una hez que casualmente contenía la semilla de una baya que había comido.

Y la semilla no sólo prosperó en aquel terreno inclinado y expuesto; dando lugar a aquel briznal hace un milenio y medio; sino que el arbusto, y más tarde el arbolillo en el que se convirtió, sobreviviría a los animales herbívoros que podrían haberlo devorado.

Aún hay más! el joven enebro sobrevivió al menos a tres erupciones volcánicas, a innumerables heladas, nevadas, lluvias torrenciales y largas sequías.

 

Es más, gracias a que aquel pájaro puso sin saberlo aquella semilla en un lugar elevado y abrupto, aquel joven enebro se salvó del hacha de los primeros habitantes humanos de las islas Canarias: los guanches, quienes podrían haber hecho de él una excelente cuchara, o una vulgar hoguera, y entonces “Patriarca” no estaría ya aquí.

La lejana Constantinopla, entonces capital del mundo, fue devastada por un terremoto en octubre del 740…. Patriarca cumplía entonces 200 años.

En 1495; mientras en esta misma isla se desata la batalla de Acentejo en la cual los españoles masacraron a los últimos nativos resistentes, mientras en Italia Leonardo da Vinci está pintando “La última cena”; mientras ocurría todo eso y la mentalidad de millones de europeos aceptaba la reciente notícia de la existencia de un nuevo continente al otro lado del Atlántico, este árbol sumaba ya nueve siglos y medio! Se acercaba ya al milenio, y el mundo estaba a punto de cambiar para siempre!

Cuando “Patriarca” cumplió exactamente mil y seis años, en 1547, nacía en Alcalá de Henares don Manuel de Cervantes, y los conquistadores Gonzalo Pizarro y Francisco de Orellana eran los primeros europeos que veían el río Amazonas.

Y aquí sigue Patriarca, aferrado a la ladera del Teide, que ya ha sobrevivido a la Caída de Roma, al Imperialismo, a la Revolución Industrial y a dos guerras mundiales sin apenas inmutarse.

Pero, aclaremos un detalle, Patriarca no es un verdadero cedro (Cedrus) como los que forman bosques en las montañas del Himalaya, el líbano o el Atlas magrebí, coníferas emparentadas con nuestros abetos y pinos, a quienes recuerdan con su alto porte y decorativas piñas.

Patriarca no es esbelto como ellos, jamás alcanzaría su altura, ni tampoco tan frondosa es su copa.  No, Patriarca pertenece a una familia de coníferas más cercana a la de los cipreses.

Una familia que es tan antigua, y que ha desarrollado adaptaciones a condiciones tan extremas, que ha conseguido sobrevivir en las regiones más inhóspitas de todo el hemisferio norte del planeta Tierra.

Desde las tundras alpinas más heladas a los desiertos más abrasadores, en Europa, en Asia, en África y en Norteamérica, podemos hallar a estos humildes, recios y austeros juníperos.

Creciendo tan lentamente que a veces ni se perciben como árboles sinó como alfombras de follaje espinoso, y cuando lo hacen a menudo es para desarrollar el más tortuoso y retorcido de los troncos, agarrándose a las rocas con raíces como garras afiladas.

Otras veces estas cupresáceas crecen horizontales, “en bandera”, como la famosa Sabina de Hierro, que ha vivido expuesta al viento marino.

¿Estais impresionados? ¡Pues eso no es nada!

“Bennet” es un Junniperus occidentalis del Stanislaus National Forest de California, EEUU; con una altura de 26,6 m un diámetro en el tronco de 3,88m; con una edad calculada en más de 2.200 años! Dos milenios!

Durante las guerras Púnicas entre Cartago y Roma en el 200 a.C. cuando el general Aníbal cruzaba los Alpes, “Bennet” ya estaba empezando a crecer en la ladera de monte Diablo, a más de 2.400 m de altura donde, desde entonces Bennet ha soportado gélidos inviernos y abrasadores veranos, ha sobrevivido a incendios forestales, a rebaños de muflones hambrientos, y al hacha de incontables colonos!

Existen 67 especies del género Junniperus en el planeta Tierra, algunas de las cuales son endémicas de regiones donde han evolucionado de forma aislada. Como por ejemplo Junniperus cedrus; la especie a la que pertenece Patriarca; que es una especie endémica de las islas Canarias.

Otras, como el enebro común, se distribuyen por amplísimas regiones de Eurasia, o llegan a ser un elemento característico de los áridos paisajes del “Far West” norteamericano, como el Juniper scopulorum, llamado allí rocky mountain juniper.

El rol ecológico de los juníperos; enebros y sabinas, se puede resumir del siguiente modo:

Normalmente cumplen la función de pioneros, de colonizar suelos degradados y prepararlos para que otras especies más exigentes; como los robles o los pinos; puedan crecer a su cobijo y finalmente substituirlos. estos juníperos rara vez llegan a milenarios, porque antes sucumben bajo la sombra que proyectan estas especies de mayor porte y desarrollo.

Pero allá donde ni la encina; el más rústico de los robles; donde ni siquiera el pino puede soportar la escasez de nutrientes o la adversidad climática… es decir en las cimas de las montañas más altas, en los acantilados o los páramos azotados por el viento. En esos lugares las sabinas y los enebros són a veces los reyes del único bosque posible y alcanzan su máximo desarrollo y longevidad.

En la Península Ibérica existen las siguientes especies del género Juninperus :

Juniper communis. Enebro común o boreal, ginebre, ginebró.

Esta especie se encuentra aquí cerca de su límite meridional y por eso aquí gusta de climas fríos de montaña.

En el Sistema litoral catalán se refugia en cotas altas y umbrías de la cordillera prelitoral, siendo rarísimo en cotas bajas y tierras costeras.

Con las gálbulos, los frutos azules del enebro común, se aromatiza la bebida de ginebra, también sirven para aderezar guisos de carne o pescado.

 

En las cimas más altas; sobretodo en Pirineos pero tambien en algunas cotas altas de la prelitoral que superan los 1000 m de altura, puede encontrarse la variedad alpina Junniperus communis postrata, cuyo porte es rastrero como adaptación al viento y las nevadas.

Actualmente no estamos cultivando esta especie en el vivero de ARBA Litoral.

 

Junniperus oxycedrus. enebro de la miera, enebro rojo, càdec.

Este es un pariente muy cercano del enebro común, pero mucho mejor adaptado a la sequía y el calor del entorno mediterráneo. Por ello su distribución mundial es más meridional, abarcando toda la cuenca mediterránea extendiéndose hacia Irán.

Distinguirlo de su primo eurosiberiano es fácil, si no basta con fijarse en sus preferencias por un hábitat cálido podemos fijarnos en las dos rallas blancas de sus hojas o en su fruto, que en vez de azul es siempre un gálbulo de color marrón rojizo y que los pájaros y mamíferos como el zorro consumen y despues dispersan en sus excrementos.

En los hábitats costeros sometidos a la salinidad se ha desarrollado Junniperus oxycedrus macrocarpa, el enebro de mar, capaz de vivir en acantilados marinos o de fijar viejas dunas de arena. Se trata de una variedad amenazada, que ya se ha extinto en nuestra comarca; el Garraf; por culpa de la especulación urbanística que ya ha destruído su limitado hábitat natural. Donde veis paseos marítimos con palmeras datileras, ahí, ahí vivía el.

 

En los proyectos de ARBA para restaurar terrenos situados sobre terrenos calizos y degradados, el “càdec” es una de nuestras especies preferidas.

Junniperus thurifera, Sabina albar.

Con una altura de hasta 25 m de altura, la sabina albar es el junípero de mayor talla de Iberia y además una especie muy singular, porque está adaptada a las secas condiciones oromediterráneas, esto es: de alta montaña en clima mediterráneo de influencia continental.

Es decir, es la sabina del páramo, territorio donde llega a formar sabinares de cierta extensión y gran valor ecológico.

La distribución de esta especie; de requerimientos ecológicos muy precisos; queda fuera del territorio del Sistema Litoral Catalán, razón por la cual ARBA Litoral no la producimos (pero si otras ARBAS peninsulares como, por ejemplo, ARBA Albacete.

A quien quiera conocer esta especie y los bosques de montaña donde es dominante, le recomendamos visitar el Sistema Ibérico, por ejemplo laderas y altiplanos situados a entre 900 y 2000 m en las províncias de Teruel o de Soria.

Paradójicamente una de las principales amenazas para esta especie han sido y son los proyectos de reforestación con motivaciones económicas y no ecológicas, por desgracia cientos de hectáreas de sabinar albar; un ecosistema endémico del Mediterráneo occidental protegido por la Unión Europea han sido destruidas para hacer plantaciones de Pinus nigra Pinus sylvestris para extracción maderera, o incluso para cultivar encinas, Quercus rotundifolia, microrrizadas con trufa.

Desde ARBA expresamos nuestro rechazo a aquellos proyectos de planificación territorial en la Iberia oromediterranea que no contemplen la recuperación del sabinar albar.

Junniperus phoenicea. Sabina mora, sabina negra.

Por tener en vez de hojas espinosas una especie de frondas escamosas, las sabinas se parecen más que los enebros a otra conífera de la familia de las cupresáceas, los cipreses.

La sabina mora es la sabina más extendida de la península Ibérica, pero a diferencia de la sabina albar nunca suele ser abundante ni llegar a ser dominante y formar bosques.

En vez de eso, este austero arbolito o arbusto se limita a ocupar los peores suelos, siendo tan capaz de resistir la más larga sequía como el tórrido calor de áreas subdesérticas.

De tamaño mucho más modesto que su prima blanca, la sabina mora no suele sobrepasar los 8 metros de altura ¡pero que no os engañe su aspecto humilde!

¡Algunos pequeños troncos secos de sabinas moras muertas hace décadas procedentes de acantilados en los Monegros (Huesca) unos de los ecosistemas más áridos de la Península Ibérica han dado; tras análisis de sus anillos de crecimiento; longevidades superiores a los 800 años!

 

En nuestra comarca, las poblaciones de las colinas calizas costeras se han visto fragmentadas y separadas de los núcleos principales en la sierra por culpa de las infraestructuras viarias como la autopista, que dificultan el paso de animales dispersores de semillas como los zorros.

Por este motivo y tambien por sus cualidades de gran rusticidad, desde ARBA Litoral utilizamos la sabina mora para hacer restauraciones ambientales sobre suelos calizos degradados.

Junniperus phoenicea turbinata. Sabina de mar.

Esta es una subespecie de la sabina mora adaptada al muy hostil medio marino, donde la alta salinidad limita el crecimiento de los vegetales.

Con una distribucion natural limitada a una estrecha franja costera, la sabina de mar es capaz de crecer en acantilados y de arraigar en dunas de arena, formando parte en los sistemas dunares de la composición de las formaciones más maduras, es decir, dunas viejas que anteriormente han sido fijadas por herbáceas resistentes a la sal como el borrón.

Una de las sabinas centenarias más emblemáticas del mundo es la de la isla de Hierro, en Canarias, esculpida por el viento del Océano Atlántico en forma de bandera.

En el litoral catalán, el crecimiento urbanístico del siglo XX ha llevado a la sabina de mar al borde de la extinción. en toda la costa catalana sólo quedan dos poblaciones en Altafulla y en l’ Ametlla de Mar (Tarragona).

En nuestra comarca, el Garraf, ya se ha extinto por completo en estado natural.

Uno de los proyectos de ARBA Litoral consiste en cosechar semillas de algunas de estas últimas plantas existentes para reproducirlas y más tarde re-introducirlas en nuestros últimos fragmentos de litoral aún sin urbanizar.

Junniperus sabina. Sabina rastrera

La sabina rastrera, de distribución euroasiática, tiene siempre el aspecto de un arbusto achaparrado, nunca un árbol.

Esta especie habita la alta montaña en ambientes boreoalpinos y oromediterráneos.

Por ello se puede encontrar entre los 900 y los 2700 m de altitud en los Alpes, en Pirineos y la Cordillera Cantábrica, en los Sistemas ibérico y Central, en el Atlas y en el Cáucaso.

Pero nunca en el Sistema litoral catalán, razón por la cualdesde ARBA Litoral no reproducimos esta especie de sabina de alta montaña.

Así que ya sabéis, queridos colaboradores, estos son los Juníperos, así que no juzguéis a un libro por su cubierta, ni a este “Quasimodo” entre los árboles por su agrietada corteza o su deforme estructura, sinó por el enorme potencial que oculta un pasado de millones de años de adaptación a las más duras condiciones ambientales.

Potencial que Junniperus ha heredado de un tiempo anterior al de los dinosaurios, cuando Pangea era el único continente y el mayor desierto jamás visto su corazón ardiente cada día y helado cada noche.

Potencial quizás, para enfrentarse al desierto del Sáhara, quien, implacable y alentado por el cambio climático, amenaza con avanzar y devorar estas tierras.

Juníperos, a mí!

Oriol Millán. ARBA Litoral. Marzo de 2022